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Comisión Europea
DIPECHO

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Millones de personas son afectadas por desastres todos los años. Los países en vías de desarrollo son los que se llevan la peor parte en términos de perdida de vidas humanas y medios de subsistencia. En términos económicos, los desastres reducen la producción de las naciones más pobres en torno al 13%, quitándoles los recursos que necesitan para escapar de la pobreza.

El departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO) fue creado en 1992 para canalizar un apoyo rápido y efectivo a las víctimas de la crisis que ocurren fuera de las fronteras de la Unión Europea.

Reconociendo la importancia de las medidas preventivas, ECHO lanzó su programa de preparación para desastres, DIPECHO, en 1996.

Entre 1996 y 2004, DIPECHO canalizó más de € 78 millones para 319 proyectos en todo el mundo. Estos proyectos demuestran que medidas preparatorias sencillas y baratas, en particular aquellas ejecutadas por las comunidades, son extremadamente efectivas a la hora de limitar el daño y salvar vidas cuando el desastre golpea. Los típicos proyectos DIPECHO suelen cubrir actividades tales como entrenamiento, formación, sensibilización, sistemas de alerta temprana, planificación y pronóstico. En 2003, ECHO financió € 12 millones para proyectos en la Comunidad Andina, Asia Central, Asia del Sur y la región del Caribe.

Los proyectos DIPECHO son diseñados como estrategias piloto para su región. Su impacto se multiplica cuando las estrategias se integran sistemáticamente en proyectos de desarrollo a largo plazo, a través de los servicios de desarrollo de la Comisión Europea, de los gobiernos nacionales o de otros socios del desarrollo.

ECHO también se esfuerza en integrar medidas de preparación y mitigación de desastres en sus principales operaciones humanitarias. Por ejemplo, a la hora de responder al ciclón que golpeó Fidji en 2003, ECHO no solo financió ayuda urgente para el desastre sino también un componente para aumentar la capacidad de respuesta frente a futuros desastres de la sociedad nacional de Cruz Roja.

Las amenazas naturales cruzan las fronteras y así debieran ser las estrategias para la reducción de riesgos. El intercambio de conocimientos y de experticia a nivel regional optimiza las estrategias nacionales de prevención y mejora la capacidad de respuesta de los más vulnerables, reduciendo el número de víctimas y de pérdidas económicas. Por lo tanto ECHO aboga por una estrecha coordinación entre todos los actores que intervienen en las regiones propensas a los desastres: comunidades en riesgo, autoridades locales, agencias humanitarias y de desarrollo, donantes y gobiernos nacionales.

Últimamente el principal propósito de DIPECHO es asegurar la integración de medidas de reducción de desastres en políticas nacionales más amplias: desde la educación, pasando por códigos de construcción hasta la salud. Los niños pueden aprender en la escuela cómo reducir el riesgo a ahogarse durante la estación de lluvias. Una normativa de construcción efectivamente aplicada asegura casas, hospitales y puentes sismo-resistentes.

ECHO apoya fuertemente los esfuerzos internacionales coordinados por las Naciones Unidas para asegurar la adopción de programas de reducción del riesgo a desastres a nivel mundial.

Los proyectos que aparecen en esta publicación han marcado una diferencia real en las vidas de alguna gente. El reto a futuro es asegurar que la reducción del riesgo se convierta en una parte integral de la política de desarrollo sostenible. Todas las partes involucradas –gobiernos, comunidades, socios y donantes- tienen un interés en trabajar conjuntamente para lograr esta meta común.

Ayudar a las personas vulnerables a prepararse para las catástrofes naturales

DIPECHO, el programa de preparación ante desastres de ECHO, va dirigido a las comunidades vulnerables que viven en las principales regiones del mundo propensas a catástrofes. Dado que es muy difícil prevenir los fenómenos naturales o influir sobre ellos, el programa se concentra en reducir la vulnerabilidad de la población ante las catástrofes naturales. Cuando una catástrofe grave golpea a un país en vías de desarrollo, es posible que el Gobierno no tenga recursos para proporcionar los servicios de salvamento necesarios. La ayuda de emergencia puede tardar horas, o incluso días, en llegar, así que es crucial que la población esté preparada. De hecho, los esfuerzos más eficaces para salvar vidas los suelen realizar las propias poblaciones afectadas, tanto durante como después de una catástrofe.

Los fenómenos naturales (terremotos, ciclones, inundaciones, tormentas y erupciones volcánicas) pueden amenazar a cualquiera. Sin embargo, las comunidades más pobres suelen ser las más dañadas, porque tienden a vivir en mayor densidad en viviendas mal construidas sobre tierras en riesgo. Se estima que el 97% de las muertes anuales por catástrofes se produce en los países en vías de desarrollo. Además, la pérdida económica que sufren estos países tras las catástrofes naturales (como porcentaje del producto interior bruto) es mucho mayor que en los países desarrollados.
En todo el mundo se gasta mucho dinero en ayuda humanitaria para hacer frente a las catástrofes. La Unión Europea proporciona cerca de la mitad del total, incluyendo la ayuda proporcionada tanto por ECHO como por los Estados miembros. Aunque el mandato principal de ECHO es la ayuda de emergencia, la vasta experiencia y los conocimientos que ha adquirido sobre el terreno lo sitúan idóneamente para promover una política activa y concreta financiando medidas relacionadas con la preparación ante desastres.

ECHO creó su programa de preparación ante desastres en 1996 como apoyo al Decenio Internacional para la Reducción de los Desastres Naturales (DIRDN) de las Naciones Unidas. El programa también sirve para cumplir el mandato de ECHO, que indica que sus actividades sobre el terreno consisten en: “garantizar una preparación previa ante los riesgos de catástrofes naturales o circunstancias semejantes y utilizar un sistema de alerta temprana y de intervención adecuado”.

La preparación ante desastres ayuda a salvar vidas, favorece una pronta recuperación y reduce el riesgo de futuras catástrofes. De igual forma, demuestra que estamos lejos de la impotencia frente a los desastres.

Fundación Salvadoreña para la Promoción Social y el Desarrollo Económico
El Salvador, C.A. - 2009